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Probablemente parezca una trivialidad… pero es en serio que con simplemente mirar nuestro entorno, podemos observar algunas explosiones de dicha que sirven de inspiración, y nos ayudan a apreciar la vida de mejor manera.
En esta ocasión me gustaría platicar de la gran emoción del trabajador mexicano, por así llamarlo (aunque al recordar el evento me vienen muchas más cosas a la mente )… Pues cierto día ya en la noche, saliendo del trabajo –como eso de las 9:30pm–, de esas ocasiones en que la jornada pareció no haber sido buena. Agotado, estresado, hambriento y algo malhumorado la señal roja del semáforo marco el alto en uno de los diversos cruceros encontrados aquí en la ciudad de Saltillo. Ciertamente solo pensaba en mi hogar, tirarme sobre la cama y poder descansar… olvidarme de los percances y preocupaciones de ese día, que por más que luchas y luchas por erradicarlos siguen y siguen ahí…
Fue en ese momento que, al girar mi cabeza hacia el otro lado del crucero, observe detenidamente a una pareja de señores ya avanzados de edad. Era una pareja singular, el señor con gran orgullo tomaba de la mano a su fiel compañera, sentados a un lado de un pequeño puestecito de tacos. Un hombre se acerco a ellos y observé como el entusiasmo y la expectativa llenaba sus rostros. Sentados aún, permanecieron con la mirada en alto entablando una breve conversación con aquel hombre. Cuando de pronto la alegría arrebato el momento, y en fracción de segundos los dos olvidaron su asiento y con una enorme felicidad a trabajar se pusieron… Creo yo fue su primer cliente de esa noche, la primer orden de taquitos sabrosos de ese día, en sus ojos se podía percibir el regocijo.
Soy sincero y confieso que esa sencilla escena logro remarcar en mi rostro una profunda sonrisa. Fue un instante tan puro que logro aliviar lo profundo de mi ser y otorgarme un brote genuino de esperanza. Por un lado — como mencione al principio– ese crucero fue iluminado por la emoción explosiva del trabajador mexicano, pues podemos darnos cuenta que no importa la edad ni el paso de los años… el mexicano siempre estará buscando el seguir trabajando. Los sueños seguiran llegando… pero lo importante es no perder el entusiasmo. Y por el otro, que mejor ejemplo que disfrutar de cada año a lado de tu ser amado, y sin importar el tiempo que se va fugando permanecer unidos enfrentado cada obstáculo.
Pense que llegaría a mi casa exhausto, harto y agobiado; sin embargo, con solo observar mi alrededor me di cuenta que no todo esta acabado y que falta más que un simple día malo para tumbar mi ánimo. Ahhh!! y de pilón, que padre sería llegar a tener 90 años (por decir) y seguir tomando de la mano a un ser profundamente amado.